08/01/06
LO QUE SUEÑAN LAS AGUILAS

Desconfió y me resultan desagradables los hombres que en cada oportunidad se desgañitan en halagos hacia las mujeres; esos que pregonan que la mujer es más dulce, más sensible e inteligente y en últimas superior a nosotros. Y desconfió porque los siento hipócritas y oportunistas. Sólo quieren aparecer como librepensadores, pero me gustaría saber que tipos de hombres son con sus propias mujeres y qué piensan ellas al respecto. Por mi parte creo en la superioridad del hombre sobre la mujer y seguro no le faltaba razón a quien escribió que “Dios, viendo al hombre tan solo le envió a la mujer para que su soledad fuera mayor”. Entre tantas cosas estúpidas que disfruto está el fútbol y nada es más aburrido para mí que ver un partido de fútbol acompañado de mujer; sobre todo aquellas que tratan de convencerme que les gusta y hasta se ponen la camiseta y gritan el nombre de un jugador (que no pertenece a ninguno de los equipos en contienda) y cantan goles que jamás se concretan y no entienden porque ellas gritan entusiasmadas y los otros se ponen tristes cuando un jugador del equipo amado hace un gol. Y uno, con paciencia, trata de explicarle que los goles metidos en el propio arco no se celebran y ella replica que un gol es un gol y lo sigue celebrando. Los partidos de fútbol femenino son una cosa tristísima; resulta lamentable verlas correr detrás de un balón y celebrar histéricas una victoria creyendo que eso es el fútbol. No poder disfrutar del fútbol, aun jugándolo, es lo que hace inferior a la mujer.
Cambiando de cancha no creo que existan dudas de que el pensamiento y el lenguaje que lo difunde son masculinos. Cuando una mujer escribe bien para elogiarla los críticos no encuentran nada mejor que decir que “escribe como un hombre”. El mundo, que sepamos, fue creado por Dios y ese Dios creador en la mayor parte de culturas corresponde a un ser masculino: el plácido Buda (que dice no ser Dios pero se comporta como tal), el exigente Alá, el tolerante Visnu, el iracundo Yaveh y el ambiguo Papá Dios. Y sus profetas o mensajeros también fueron hombres: Siddharta Gautama (que luego, de gordo, sería Buda), Mahoma, los brahamanes (que son muchísimos manes), Moises y Jesús. La mujer llegó tarde a las decisiones importantes y durante siglos ha vivido a la sombra, hasta en las cosas para las que se supone tiene talento es superada: los mejores chefs del planeta son hombres y la palabra chef es masculina. Los mejores diseñadores de moda, peluqueros, maquilladores son hombres o algo por el estilo.
Algo que me cabrea de las mujeres es que se sientan orgullosas y complacidas de inspirar poemas y canciones. He visto como suspiran cuando algún casposo poeta de café recita que son “bellas e inalcanzables como la luna”. ¿Acaso no han visto fotografías de la luna? Es un lugar horrible, con más huecos que la calles de Bogotá, ni siquiera es redondo y la luz que emana es un reflejo del sol (que por cierto es una entidad masculina). Y en cuanto a lo inalcanzable basta agregar que tres putos gringos se dieron gusto allí, clavaron su bandera y se largaron sin pagar y todavía no vuelven. No creo que la ternura sea patrimonio de la mujer y más que sensibles diría que son sensibleras; no he visto todavía una mujer estremecerse o llorar leyendo las atormentadas líneas del Concepto de la angustia de Sören Kierkegaard pero si convertirse en magdalenas ante una grasienta telenovela. Cierto que hay mujeres que corren más rápido los cien metros que muchos hombres pero quien, hasta hoy, los corre más rápido es un hombre. No voy a aceptar que ningún idiota oportunista me venga a hablar de la superioridad de la mujer hasta que una de ellas me haga feliz ganándole un partido de tenis al antipático y aburrido Roger Federer. Cuando estudiaba medicina leí que las mujeres tienen geneticamente más resistencia al dolor que los hombres pero no me parece nada divertido ganarle a otro en sufrimiento; prefiero, por supuesto, ser capaz de tolerar más whisky o de comer más hamburguesas “El Corral” doble carne.
Creo que la mujer tiene todo el derecho a expresar su libertad en cualquier sentido pero es lamentable que para ciertas mujeres expresar su libertad se reduzca a imitar al hombre; las frases almibaradas de los poetas y canciones no pueden ocultar la terrible realidad de millones de mujeres que viven todavía en condiciones infrahumanas soportando, para colmo de males, la violencia física y mental por parte de sus infrahumanos compañeros. Se habla mucho de los grandes logros de las mujeres en las últimas décadas que, entre otros, son: haber conseguido votar por los mismos políticos corruptos que siempre han elegido los hombres; andar cada vez más ligeras de ropas –para placer de los hombres–; ponerse las tetas tan enormes como los hombres desean. Ejercer profesiones con la misma ineficacia de los hombres: abogadas en un mundo sin ley; médicas empeñadas en enriquecer a los laboratorios, mientras las viejas enfermedades regresan en versión recargada y las nuevas se hacen indestructibles; economistas en un mundo arruinado y sin futuro económico... Triste verlas deformar sus piernas en horribles deportes mientras, en las gradas, los grandes mamíferos comen papas fritas. Querer llegar tan lejos como el hombre es lo que hace inferior a la mujer. Es como si una imponente águila soñara con ser un pollo congelado.
Efraim Medina Reyes
revista Punto C (Cali-Colombia)
13:35 Anotado en Books | Permalink | Comentarios (6) | Email esto
LA SUERTE DE LA FEA

En mi último libro, Pistoleros/Putas y Dementes (Greatest Hits), hay un poema que dice:
Una mujer fea tiene dos opciones: matarse o hacerse a un estilo. Lo peor que puede hacer una mujer fea es fingir que no lo es, es casi tan malo como no ser bella del todo. Son la clase de cosas que descorazona a los tipos simpáticos
No es que una mujer fea sea incapaz de verse bella alguna vez. Pero no le conviene. Una vez adquieres estilo va contigo siempre. Planear la belleza es complicado y sostenerla un verdadero lío. No en vano las bonitas se suicidan más a menudo
La belleza no es un estilo pero lo suple bastante bien, hasta que se pudre. La fea, en el peor de los casos, sólo puede ser más fea y eso es un avance en cierto sentido. La belleza corre todos los riesgos y no tiene coartada.
Recuerdo que, luego de una lectura en el auditorio de la Universidad Central en Bogotá, una chica se me acercó para recriminarme por ese poema tan ofensivo.
-¿Ofensivo con quién?-le pregunté.
-Ser fea no es culpa de nadie-dijo ella fulminándome con la mirada-. Hay muchos otros valores en una mujer.
La observé y me pareció triste que una estudiante de último semestre de filosofía no hubiera captado la ironía de un poema cuyo fondo era simplemente expresar que toda mujer debería negarse a ser un objeto. Ahora que he recibido cerca de doscientos mensajes que me putean por mi anterior columna mi tristeza va en aumento; según los autores de esos mensajes (mujeres en su mayoría) la columna fue un “ataque despiadado a la mujer por parte de un maricón resentido”. No voy a explicar ni el poema ni la columna, sólo los invito a releer y si después de esa relectura consideran que deben seguir putéandome, adelante. Es obvio que si incluí una dirección electrónica en la columna fue porque me interesaba conocer el punto de vista de los lectores; la dinámica del internet permite un diálogo ulterior entre quien escribe y quien lee, es un medio increíble que no sólo sirve para putear columnistas.
Volviendo al tema de las feas y los poemas debo confesar que en la adolescencia usé hasta cansarme los románticos poemas de Neruda para conseguir que algunas bellas chicas del barrio me abrieran sus piernas. Con las feas nunca usé poemas, me parecía que siendo feas los trucos sobraban y que se trataba sólo de aprovechar el momento e ignorar la retórica. Quizá por eso con las feas el sexo era más divertido y relajado. A las bonitas debía llenarles la mente de falsas promesas y versos insoportables, también ser más “delicado” en la faena. Con las feas no había contemplaciones ni futuros jardínes donde cantan los ruiseñores. Y es que la belleza no pasa de ser un trofeo, algo que mostrar a los amigos y enemigos. En la cama la estética se pierde y lo que se quiere es pasión y entrega porque el sexo funciona como los deportes: hay que dejar todo en la cancha. Más que una cara dulce lo que en la intimidad se desea son un par de buenas tetas y unas buenas caderas de donde agarrarse.
La belleza en una mujer no es garantía de felicidad, por el contrario puede convertirse en su puerta de entrada al infierno; sobre todo cuando pretende usarla de cebo para atrapar un “pez gordo” olvidando que a los “peces gordos” no suele temblarles el pulso a la hora de saldar cuentas.
No pretendo decir que las mujeres feas tengan más probabilidad de ser felices o que la fealdad sirva de algo, tampoco que las bonitas estén condenadas por fuerza a ser menos inteligentes; lo cierto es que la fea debe esforzarse más porque faltándole unas largas piernas debe defenderse con su ingenio y a punta de ingenio llegar lejos y encontrar la seguridad en sí misma que tantas bonitas jamás consiguen. Y es que a diferencia de la belleza, que con los años desaparece y se convierte en tragedia, el ingenio suele aumentar. No es un secreto que a cierta edad a la más linda de este mundo se le cumple la fecha de vencimiento y es allí donde la sabiduria popular de que la “suerte de la fea, la bonita la desea” se hace indiscutible.
Efraim Medina Reyes
revista Punto C (Cali-Colombia)
09:15 Anotado en Books | Permalink | Comentarios (2) | Email esto
07/01/06
COMO EL DE JENNIFER LOPEZ, POR FAVOR

En Comas, un barrio pobre en las afueras de Lima, sus amigos la apodaron “Gorda Jenny” debido a su obsesión por la diva de origen latino Jennifer Lopez. En realidad se llamaba Natalia Cueto y el día que encontraron su cadáver, abandonado a pocos metros de una avenida limeña, estaba por cumplir 19 años. La autopsia reveló que un “choque séptico secundario a peritonitis generado por la perforación de los intestinos” causó la muerte de Natalia. Tres horas antes del fatal desenlace “Gorda Jenny” había ingresado en una improvisada clínica al sur de Lima para someterse a su cuarta liposucción en seis meses. Dos años atrás se había operado el mentón y la nariz y, según le había contado a una amiga, luego de las liposucciones pensaba disminuir el tamaño de los senos y “retocarse” los pómulos hasta que fueran iguales a los de J.Lo. A los catorce años Natalia dejó los estudios para trabajar en un almacén de muebles; su madre recuerda que “ahorraba cada peso, se privaba de cualquier gusto y a veces caminaba al trabajo para no pagar transporte”. En su última liposucción a Natalia le extrajeron 3.800 centímetros cúbicos de grasa de la barriga y las caderas que luego, al menos en parte, le inyectaron en el trasero. La investigación de la policía reveló que el procedimiento no fue realizado en una clínica si no en una peluquería llamada “Salón Venus”. La peluquería funcionaba en el primer piso y en el segundo se habían improvisado dos habitaciones como quirófanos donde se practicaban hasta nueve liposucciones al día. De de los tres cirujanos detenidos en el “Salón Venus” por la muerte de Natalia uno resultó ser la dueña de la peluquería que, según sus propias palabras, había hecho un curso de tres meses para prepararse como “lipoescultora”. Nada mal si se considera que había empleado el doble de tiempo para ser peluquera. Los otros dos “cirujanos estéticos” eran médicos generales recién graduados.
Tres días después de la muerte de Natalia, en un barrio vecino a Comas, dos hermanas de 15 y 16 años fueron hospitalizadas de emergencia con graves infecciones en el trasero y las piernas. Las chicas dijeron a la policía que habían sido intervenidas en una bodega por una mujer que les aseguro ser cirujana plástica. Ellas habían acudido a ese lugar por una hoja volante que unos chicos repartían a la salida del colegio; en la hoja volante estaba la dirección y la oferta de dos cirugías por el precio de una: ¡150 dólares! Para reunir el dinero las chicas estuvieron pidiendo varios días dinero en las calles. En la bodega, que según averiguó la policía perteneció a una antigua fábrica de jabones y estaba abandonada desde hacía años, se encontraron sólo varias latas con restos de manteca de cocina. Esa manteca inyectada en el trasero de las hermanas había causado la infección. A una de ellas tuvieron que amputarle las piernas y la otra aún necesitara varias intervenciones para mejorar en algo las profundas cicatrices que hoy deforman esa parte de su cuerpo.
Por exótica, macabra o curiosa que resulte la muerte de Natalia o la historia de esas hermanas, no se trata de hechos aislados ni de una de esas cosas que “sólo pasan allá”; en Europa y Estados Unidos también hay miles de adolescentes soñando con tener el trasero de Jennifer Lopez. Por ejemplo en España alrededor de mil personas se someten cada día a una operación de cirugía estética con un crecimiento anual del 15% y, por supuesto, las denuncias por complicaciones y muertes derivadas de esas cirugías también van en aumento. En Italia Gesolmina Vitale, siguiendo el ejemplo de Berlusconi, trató de combatir a punta de lifting el paso de los años y termino sufriendo un coma que la tuvo al borde de la muerte. Italia encabeza la estadística europea con alrededor de 600.000 intervenciones de carácter estético por año; “retocarse” es la nueva religión y los fieles se multiplican alrededor del mundo sin importar los riesgos ni las consecuencias.
El auge de la liposucción llegó en los ochentas impulsado por el capitalismo salvaje donde todo está en venta y el éxito no depende de quien eres si no de como te ven. En Estados Unidos la mitad de la población sufre problemas de obesidad, pero los medios de comunicación de ese país difunden 24 horas el mensaje de que ser gordo es una maldición y un fracaso mientras los liposuccionadores del mundo se lamen el bigote. Pero la vanidad humana no es un producto de los ochenta, a través de la historia y las culturas la humanidad siempre ha buscado eterna juventud y belleza. En 1926 un médico francés llamado Charles Dujarier aceptó operar a una bailarina y Modelo de apellido Geoffre que estaba acomplejada porque sus rodillas le parecían muy gruesas. Dujarier le realizó incisiones, extrajo la grasa y luego suturó. Todo parecía ir bien hasta que apareció la cangrena y a Mademoiselle Geoffre debieron amputarle una pierna. Dujarier fue condenado a pagar 200.000 francos y tanto él como su técnica expuestos a la picota pública. Murió en 1931 sin imaginar que había inventado uno de los más grandes negocios del mundo.
Efraim Medina Reyes
revista virtual Resonancias
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