26/01/06
NO HAY FESTIVAL
En el más reciente número de la revista Arcadia aparece una breve nota sobre el evento virtual No Hay Festival que, con la colaboración de algunos amigos, estoy organizando. La idea de hacer una revista sobre el “lado oscuro” de Cartagena de Indias y otras ciudades de la Costa Atlántica surgió hace más de un año conversando con los periodistas Tadeo Martínez y Juan Manuel Buelvas, también el escritor e historiador Alfonso Múnera Cavadía se interesó en el tema. Debido a los costos del proyecto y la dificultad de encontrarle patrocinio el asunto no pasó a mayores, pero el sueño siguió intacto y decidí que antes de aterrizarlo podíamos hacer un vuelo virtual sin escalas que parte este jueves 26 de enero en el sitio web de Fracaso Ltda. El nombre, por supuesto, está inspirado en el Hay Festival que se realiza esta semana en Cartagena y es nuestra forma de darle una calurosa bienvenida y reconocer su importancia para la ciudad y el país mismo. Eventos como Hay Festival pueden generar titulares de prensa positivos sobre Colombia en el exterior y son una magnífica oportunidad, para quienes tendrán el privilegio de asistir a las charlas, de escuchar, conocer y tener el autografo de excelentes autores como Vikram Seth, Hanif Kureishi o Belisario Betancur.
Como deja entrever la nota de Arcadia, nuestro No Hay Festival pretende mostrar a través de crónicas, reportajes, ensayos y columnas la grave situación que afronta la otra Cartagena, la Cartagena que no sirve para hacer postales ni festivales internacionales de nada; la del colombiatón, la ruina ambiental, el desempleo, los desplazados, la miseria absoluta, el comercio sexual de menores... esa Cartagena desolada, inmóvil e invisible que sólo recibe personajes “ilustres” en tiempo de elecciones. Con fotografías, videos e historietas No Hay Festival tendrá escritores en Bazurto, Nelson Mandela, Zona Suroriental, Henequén, Mis Cojones y otros barrios y zonas periféricas. Los visitantes de la página podrán dejar libremente sus mensajes, comentarios e inquietudes a los diferentes autores. Entre quienes han confirmado su presencia a esta primera entrega de No Hay Festival se encuentran Juan Manuel Roca, Daniel Samper Pizano, Alberto Salcedo, Heriberto Fiorillo, Alvaro Restrepo, Cristian Valencia, Alfonso Múnera Cavadia, Rómulo Bustos Aguirre, Daniel Samper Ospina, Miguel Iriarte, Andrés Felipe Solano, Alonso Sanchez, Antonio Ungar, Ricardo Silva, Ernesto McCausland, Tadeo Martínez, John Junieles, Juan Manuel Buelvas y Alvaro Suescún.
Volviendo al tema de Hay Festival, y a ciertos mensajes desobligantes que circulan por internet, creo que no hay razón alguna para satanizarlo; se trata de una cita más de la vasta agenda del turismo literario y digo turismo porque los escritores en esos eventos aparte de pasear poco hacemos. La rutina es más o menos la misma: los escritores, internacionales, nacionales y locales, echan el cuento que se saben de memoria, los moderadores muestran su habilidad en el tema, al terminar la cháchara el público suspira aliviado, aplaude y, en caso de haberlos, se abalanza sobre el coctel y los pasabocas. No existe razón para esperar que en un encuentro literario, y menos si está apadrinado por el creador de Macondo, la realidad cuente mucho. Como en un reinado de belleza, lo único que suele ponerse a prueba al juntar varios escritores es la vanidad. El resto lo harán los medios cuya eficacia para redimensionar cualquier asunto y darle, si es necesario forma y fondo al vacío, no se discute. Así, como ya dije antes, la ciudad y el país conseguirán ser noticia positiva en el exterior y quizá uno que otro turista se decida a visitarnos.
La idea de tener a Cartagena como escenografía de Hay Festival, que ya se ha realizado en otros países, fue del turista literario profesional Carlos Fuentes (digo profesional porque su tarifa para dar conferencias y asistir a festivales es de las más altas del mercado). No le falta razón a Fuentes, autor entre otros textos de “Gustavo Cisneros, el adelantado” (un elogioso prólogo a la biografía autorizada del magnate venezolano por el que se dice cobró 50.000 dólares), al considerar que el casco histórico de Cartagena sería un telón de fondo perfecto para el evento. Los cartageneros estamos acostumbrados a ver como las autoridades “limpian” en esos días cruciales las calles céntricas de indigentes y prostitutas de baja tarifa, restringen un poco el tráfico y “ahuyentan” a personajes populares que a su parecer no resultarían agradables para los visitantes como ha pasado varias veces con Pambelé. Toda puesta en escena tiene sus exigencias y hay que soportarlas para que, como dicen los organizadores de Hay Festival en su página oficial “Grandes escritores (como Belisario Betancur, Jorge Franco o Héctor Abad) formulen verdades sobre el mundo, que nos hagan entenderlo y planteárnoslo de nuevo”. Y a los estudiantes que se sienten traicionados porque deberán ver el show por circuito cerrado les pido que se dejen de pendejadas; el perfil de Hay Festival es ese, ya ocurrió lo mismo en Paraty (Brasil), se trata de que los escritores sientan los gritos de sus fans... ¿o acaso los gritos sólo deben ser para Juanes y Shakira? La única cosa que me produce cierto fastidio, teniendo en cuenta el espíritu filantrópico que parece animar Hay Festival y los poderosos patrocinadores que tiene, son los costos de las entradas. En la mayoría de festivales literarios de que tengo noticia el público ingresa gratis y aunque es probable que para los turistas y la pequeña clase adinerada de Cartagena el precio del tiquete no pase de ser “una mera contribución simbólica” no sobra recordar que la bella Cartagena de Indias posee el cordón de miseria más grande de América Latina y el 80% de sus habitantes están condenados a sobrevivir con menos de un dólar al día. Digo esto a modo de ilustración y sin pretender, en ningún caso, restar méritos al enorme esfuerzo que seguramente demanda, y cito de nuevo la página oficial del evento, traer “el sello de hedonismo de Hay Festival” a nuestra ciudad.
Espero, con este artículo, haber respondido a quienes injustamente reclaman de Hay Festival cosas diferentes al goce de escuchar en vivo a buenos y reputados escritores. Sería un despropósito exigir que un simple festival literario discuta, se interese o recorra las enfermedades endémicas de Cartagena o el país; esa labor es responsabilidad nuestra y debemos reforzar los espacios que existen y crear nuevos para asumirla de forma seria y continua. No Hay Festival, que pueden visitar desde mañana clicando www.fracasolimitada.com, es un pequeño aporte al tema y esperamos en poco tiempo transportarlo del mundo virtual a esa otra Cartagena donde “el sello del hedonismo” jamás ha puesto los pies.
Efraim Medina Reyes
www.fracasolimitada.com
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22/01/06
EL ASESINO DEL MARTILLO

Imagine que son las 9:45 de la noche; sus tres pequeños hijos y una sobrina adolescente duermen, su esposa está en la cocina preparando café y usted está viendo un partido de fútbol con su cuñado. De repente, su cuñado, un joven de 25 años que estudia medicina, se levanta y agarra el maletín negro donde suele portar los libros.
-¿No esperas el café?-pregunta usted sin perder de vista la pantalla.
-Sólo voy al baño-responde él.
-¿Y para eso necesitas el maletín?
Él va a decir algo, pero en ese momento su equipo anota un gol y usted lanza un grito de felicidad. Su cuñado, maletín en mano, entra en el baño. Lo que sigue usted jamás podrá contárselo a nadie. Concentrado en el partido no ve llegar a su cuñado armado con un pesado martillo y cuando reacciona es tarde: el primer golpe le da de lleno en la frente y el segundo le aplasta la oreja y todo se pone oscuro. Al día siguiente, en el periódico local, aparece la foto de su cadáver en una posición ridícula. Atrás puede verse la pantalla del televisor salpicada de sangre. A pesar de todo usted tuvo suerte; esos dos primeros martillazos le causaron la muerte, sin embargo, su cuñado lo golpeó catorce veces más y luego atacó a su esposa. Ella recibió 25 golpes y como aún se movió optó por degollarla con un cuchillo de mesa. De allí pasò a la habitación de sus hijos a quienes golpeó innumerables veces con el martillo, tanto que sus rostros quedaron irreconocibles. La última fue Amalia, una linda adolescente de quince años. Alex Maquera (hoy conocido como el Asesino del Martillo) luego de golpearla y cuando estaba en plena agonía, la violó. Antes de esa noche, según los testimonios de quienes lo conocían, Alex era una persona tranquila que hablaba poco y soñaba con ser cirujano plástico. Los médicos, luego de practicarle varios análisis dijeron que había rastros de cocaina en la sangre de Alex; los psiquiatras por su parte lo declararon psicópata; para la policía se trata sólo de otro criminal sin escrúpulos y su otra hermana dijo en una entrevista que cuando Alex era todavía un niño su padre solía pegarle y castigarle sin motivo aparente. En Tacna, el pueblo peruano donde ocurrió la tragedia, nadie ha vuelto a dormir tranquilo.
A diario leemos y escuchamos noticias similares y, por supuesto, nos parece otro tipo de realidad, algo que no puede tocarnos. Sin embargo, muchos de nosotros tenemos hermanos que van a la universidad y son personas tranquilas, incluso afables y optimistas. Y en cada casa de este planeta hay martillos, cuchillos de mesa y un infinito arsenal de objetos en apariencia inofensivos. Pero es que la vida, no sobra recordarlo, es demasiado frágil; sobre todo cuando la persona que nos ataca es alguien que tiene toda nuestra confianza. ¿Quién de nosotros será el próximo Alex? Nadie puede saberlo, ni siquiera el propio asesino: todo lo que hemos vivido y sufrido duerme en nuestra mente y un día cualquiera, cuando alguien grita para celebrar un gol, la pesadilla toma cuerpo. No discuto que Alex Maquera sea un criminal y un psicópata, pero es curioso que nadie haya prestado mucha atención a la declaración de su hermana: “Nuestro padre le pegaba y lo castigaba de niño sin ningún motivo”. ¿Acaso no es del seno de una apacible familia de donde surgen los monstruos más implacables? Los índices de violencia intrafamiliar en América Latina siguen aumentando. Miles de niñas y niños son ultrajados cada año, en sus propios hogares, por sus propios padres; la mayor parte de esas niñas quedan embarazadas y traen al mundo hijos cuyo destino parece escrito de antemano por un dios terrible. Pero no es algo exclusivo de América Latina; también en Estados Unidos hay niños que les disparan a sus compañeros de escuelas y en Europa maridos que de un momento a otro enloquecen y estrangulan a sus mujeres. Uno se pregunta si es peor consumir cocaina o drogarse semana tras semana con el fútbol. Porque la violencia física no es menos cruel que la psicologica, sólo que esta última permanece invisible. Comprarle un Playstation a un niño y dejarlo jugar horas y horas para que nos deje en paz es una forma de violencia. Pensar que con llevar dinero a casa para los gastos esenciales hemos cumplido como padres es un grave error. Abandonar a nuestros hijos en la miseria o en el lujo es igual de peligroso y puede causar los mismos estragos psicologicos.
Ahora mismo, mientras usted lee este artículo, la guerra en Irak sigue produciendo muertes y dolor, pero seguro de tanto ver noticieros ya se aburrió del tema. También debe estar cansado del tsunami o de si Maradona sigue engordando. A fin de cuentas no son asuntos suyos. ¿Para qué preocuparse? Sus hijos son sanos y fuertes y su esposa una bella mujer. ¿Y que hay de su cuñado?, ¿no le parece que a veces es muy introvertido o que tiene un modo extraño de hablar últimamente? Quizá Irak y Tacna sean lugares lejanos para usted pero... ¿qué tan lejos está su cuñado?
Efraim Medina Reyes
revista Internazionale (Italia)
revista Zeta (Colombia)
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14/01/06
MI PLOMERO LANZA NOVELA

La naturaleza humana es, y siempre ha sido, mediocre, mezquina y pretenciosa. Después que el primer hombre dibujó figuras y signos en la pared de su caverna tratando de inventar un lenguaje lo más probable es que al instante otro se haya plantado a cobrar con pieles la entrada y un tercero, a poca distancia, ya estuviera diciendo al resto del clan que aquellos signos no tenía nada de original, que los gasterópodos ya lo habían hecho, etc, etc. Lo mejor de escribir ocurre antes de caer en cuenta de esto como un oficio. Cuando encerrado en la habitación tratas de poner en orden tu alma y descubres que escribir te permite estar más a gusto con tus taras, aleja los temores y te llena de una extraña seguridad. Claro que hoy lo común es que los escritores sepan, antes de escribir una puta línea, que lo son.
Los escritores cada vez más son funcionarios de la literatura; gente que estudió filosofía y letras o alguna tontería por el estilo y que luego combina la docencia con la publicación de una que otra novela. El sueño de todos ellos sería dejar de dar clases para dedicarse por entero a escribir aunque, considerando lo que escriben, deberían hacer lo contrario. En cuanto a los editores no digo que todos sean unos mercachifles pero lo son. A ellos sólo les importa vender y su lema es muy claro: O vendiste o te jodiste. Por su parte los críticos basan su prestigio en la capacidad que tengan de destruir novela tras novela y escritor tras escritor. Y me parece muy sano que sea así porque para halagos y exaltaciones ya estamos los propios escritores. ¿O acaso no son los encuentros literarios una burda competencia entre quienes somos capaces de hablar mejor de nosotros mismos?
Bien por la crítica destructiva que trata de oponer algo de resistencia a la implacable publicidad y autopublicidad. Lástima que, aparte de amargar a ciertos autores flojos del culo, ningún crítico haya podido impedir que un saco de mocos como Dan Brown, Isabel Allende, o Paulo Cohelo vendan millones. Tampoco el sentido común evitó que Camilo José Cela ganara el Premio Nóbel.
Hablando de nuevas estéticas urbanas es un hecho que los autores de hoy no escriben si no que publican. Nunca antes hubo tantos escritores sobre la tierra, hoy te subes a un taxi y el taxista te ofrece su último libro de poemas, tratas de echar un polvo con cualquier puta y te lo daña hablando de que están por publicarse sus memorias. Tienes un bebé y antes de decir mamá o papá ya va en la página 134 de su segunda novela. Todo el mundo piensa que puede escribir un libro y lo peor es que todo el mundo puede hacerlo. Yo soy la viva demostración de eso. Y también mi plomero que hace poco me dijo que acababa de terminar un largo relato titulado “La venganza del retrete”. Al principio pensé que era un chiste pero luego me contó apartes de la trama y hasta reconoció la influencia de Chesterton y Mario Bros en su obra. Ver la cara de felicidad de mi plomero me cabreó un poco pero luego tuve que aceptar que si yo pude escribir novelas por qué no iba a poder alguien con un oficio tan emocionante como él.
En el futuro todos en el mundo serán escritores y entonces los secuestros, las guerras y los atentados serán hechos por grupos de escritores que tratan de obligar a otros a que abandonen el oficio y se dediquen a leerlos. Habrá entonces tan pocos lectores comunes que cada uno de ellos será una celebridad detrás de la cual andarán millones y millones de autores libro en mano… Aunque pensándolo bien ese futuro ya está aquí.
Efraim Medina Reyes
www.colombia.com
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